
Ciertamente, se ha hablado sobre la posibilidad de que la Asamblea Constituyente apruebe el “matrimonio homosexual”.
Como es de esperarse la sociedad saltó ofendida por tamaña “inmoralidad” y puso el grito en el cielo ante tanta “perversión”.
Yo quisiera abordar este punto desde varios aspectos que, yo, como lesbiana y desde mi punto de vista muy personal, alcanzo a entender.
En mi opinión personal, antes de estar armando debates sobre el matrimonio homosexual, considero que se debería buscar la forma de que se respete nuestros derechos de PERSONAS. Somos gente y todos debemos atenernos a las leyes de la sociedad en la que vivimos, por lo cual también estamos sujetos a la aplicación y respeto de nuestros derechos.
Considero que es prioritario el que nuestros derechos estén escritos de forma explícita en la ley. El derecho a que se nos respete y a que no se nos discrimine por nuestra tendencia sexual. Que la ley nos ampare como ciudadanos, como personas es más importante que buscar nos legalicen el matrimonio y las adopciones.
Basta de golpizas y de escupitajos. Basta de rechazos y de discriminación. Somos parte activa de la sociedad, tenemos trabajos en los que nos descuentan los aportes al Seguro Social, pagos impuestos prediales, a la renta, IVA e ICE. Y aún así, no estoy segura de que si alguien me arremete por mi condición y preferencia sexual, el policía más cercano esté dispuesto a ayudarme.
Quisiera que las autoridades locales y nacionales nos dieran la mano que directa o indirectamente nos han negado siempre y nos ayuden a salir de la clandestinidad. Desmitifiquemos a la homosexualidad y mostrémosle al mundo la verdad sobre nosotros.
Yo aún no salgo del clóset, porque siento que no tengo las garantías necesarias o suficientes para hacerlo y continuar mi vida tal como está. Tengo miedo de que me echen de la casa de mis padres, del trabajo, la universidad o si no me echan, tengo miedo a que me discriminen.
Quisiera hacerle entender al mundo de que yo soy lo que soy, a pesar de que no tenga junto a mí a un hombre como compañero de vida. Que sigo siendo yo aunque ahora se descubra que la persona que amo es una mujer.
Viendo el problema desde el punto de vista de la Iglesia Católica, “la familia, núcleo de la sociedad” se vería en peligro y por tal motivo la misma sociedad y su estructura peligrarían.
Pero sin meterme demasiado en principios filosóficos y sociológicos; ese pronunciamiento se fundamente en la reproducción humana, ya que de esta forma la sociedad como la conocemos hasta ahora, asegura su permanencia. Es por esto que la sociedad apoya a la unión heterosexual, por mera supervivencia. Pero esta sociedad tan cruel, no es la ideal. La colectividad social no espera que los miembros como individuos alcancen la felicidad, ya que esta solo puede alcanzarse en conjunto.
Por esto, nunca alcanzamos a ser totalmente felices, siempre nos falta algo, siempre estamos incompletos. Ansiamos lo que no podemos tener pero a la vez menospreciamos lo que tenemos. Todos los de clase y media y pobres desean dinero y rompen sus espaldas para conseguirlo; sacrificando su salud y su hogar. Los ricos cambiarían todo su dinero por amor y afecto, por poder compartirlo con alguien. Nada es completo porque nuestro mismo modelo social nos impide alcanzar la felicidad completa.
Hombre y hombre o Mujer y mujer, no van a dejar frutos, por lo que es inaceptable ese tipo de uniones. Yendo más allá de la biología, si yo me siento a gusto con mi pareja mujer y ella conmigo ¿Cuál es el crimen?
“Es antinatural” gritan unos “asquerosas” dicen otros. ¿Qué es natural? Me imagino que la respuesta viene otra vez por el lado de la reproducción. El único objetivo del hombre en la tierra es reproducirse, sino deja su semilla o esta no germina, pues es el hombre no ha cumplido con su destino trascendental. Para mí esas son patrañas.
El hombre es más que semen y la mujer es más que un óvulo. No creo que mi único propósito en el mundo sea tener hijos, y que si no los tengo nunca me realizaré como mujer. Siento que existen otros campos y ámbitos en los que me puedo sentir realizada, como es el campo familiar (padres, hermanos, tíos, sobrinos, perros, gatos, etc.), campo profesional (ingenierías, maestrías, postgrados, diplomados, etc.), campo laboral (directora, supervisora, subgerente, gerente, vicepresidente, presidente, dueña de mi propia empresa, etc.), ámbito deportivo (cualquier deporte en que pueda destacar o que simplemente lo practique por distracción) ámbito amoroso (mi pareja). Puedo ser feliz sin un hombre o sin hijos, al igual que todo ser humano que se proponga ser feliz y vencer a la adversidad.
Otro punto delicado a tratar es la imagen del mundo GLBT. ¿Qué piensan de nosotros las personas ajenas al ambiente GLBT? Voy a transcribir las palabras de mi propia madre al respecto:
“Sucios, anormales. Ojala esa gente se muriera. No se porque Dios los creo.”
Bueno, ahora es fácil entender porque no quiero salir del clóset. Mi madre es una persona relativamente joven de 48 años de edad, de clase media de Quito. Creció dentro de un hogar sumamente conservador y aún vive bajo ese esquema. Motivo por el cual soy su dolor de cabeza más grande. Preguntas tales como: “¿Por qué mi hija no tiene novio?, ¿por qué solo sale con sus amigas? ¿Estará algo mal con mi hija?” seguramente se las ha planteado los últimos dos años.
Pero ¿cuál es el temor de mi madre a que yo sea lesbiana? Tal vez, esa generación a la que pertenece mi madre creció pensando que la homosexualidad es una enfermedad mental. Que además va en contra de toda higiene y moral. (“Dios creó hombre y mujer”). Además que la imagen que mi madre tiene en la cabeza es que todos los homosexuales son travestis o transexuales o transgéneros. Que todos los homosexuales hombres quieren ser mujeres y que todas las homosexuales mujeres queremos ser hombres.
Déjenme decir en mi defensa que el mundo no es blanco o negro, muchos tonos intermedios existen; eso mismo ocurre con las preferencias sexuales de las personas. Muchos y muchas homosexuales son como mi madre se imagina; otros no. Yo personalmente soy muy feliz de ser mujer y me considero una persona totalmente normal, que puede jugar fútbol un día y al siguiente usar falda.
Otra idea generalizada es que los GLBT somos promiscuos, que no tenemos una pareja estable y que tenemos un apetito atroz por el mismo sexo; tal es el caso que si alguna mujer tradicional (old school) en mi entorno se entera que soy lesbiana, va a pensar que estoy en busca de una aventura con ella. Que si la mira de frente es porque me gusta, que si le rozo la mano es porque la deseo, etc.
Lo mismo que mencione anteriormente sobre las preferencias sexuales, las personas son únicas y cada una tiene un nivel de libido diferente. Puedo decir que conozco a varias parejas heterosexuales que tienen muy alto el apetito sexual por lo que no creo que una característica de los homosexuales sea una voracidad sexual mal reprimida.
Ahora, que es sencillo entender que cuando vives en la clandestinidad puedes creer, erróneamente, que lo que sientes y vives solo te pasa a ti. De ese modo, piensas que debes agradecer al cielo si alguien con la misma tendencia se fija en ti.
Y sueles entrar al “Ambiente GLBT” de la mano de cualquier persona que te haga caso. Es por esto, que hasta encontrar una pareja definitiva, los miembros de la comunidad GAY, suelen tener varias experiencias sexuales y sentimentales.
Pero volviendo al tema inicial, el matrimonio homosexual, creo que al ser todos iguales para la ley, esta debería ampararnos y brindarnos los mismos derechos que se les otorga a los heterosexuales que buscan casarse ante los hombres. (No me quiero ni meter con la Iglesia, elemento caduco que jamás dará su brazo a torcer, y porque no necesito de ellos para tener un contacto directo con Dios que habita en mi corazón y que me ama tal como soy, caso contrario no estaría aquí)
Pedimos respeto y amparo sobre los bienes que compremos como pareja. Pedimos que si fueron adquiridos bajo este esquema se nos proteja con un contrato matrimonial, de modo que en caso de separación o muerte de una de las partes de la pareja la otra tenga derecho al 50% de los bienes bajo la sociedad conyugal. Pedimos seguridad y que se nos garantice el amparo de la ley ante cualquier eventualidad. Por lo pronto creo que es todo lo que deberíamos exigir, más que pedir a la sociedad ecuatoriana.
Espero estas líneas no se queden como una mera opinión si no que sean una motivación para abrir un debate sobre los derechos GLBT y ojala para empezar a estructurar planes de acción para hacer de esta una sociedad más incluyente.
Como es de esperarse la sociedad saltó ofendida por tamaña “inmoralidad” y puso el grito en el cielo ante tanta “perversión”.
Yo quisiera abordar este punto desde varios aspectos que, yo, como lesbiana y desde mi punto de vista muy personal, alcanzo a entender.
En mi opinión personal, antes de estar armando debates sobre el matrimonio homosexual, considero que se debería buscar la forma de que se respete nuestros derechos de PERSONAS. Somos gente y todos debemos atenernos a las leyes de la sociedad en la que vivimos, por lo cual también estamos sujetos a la aplicación y respeto de nuestros derechos.
Considero que es prioritario el que nuestros derechos estén escritos de forma explícita en la ley. El derecho a que se nos respete y a que no se nos discrimine por nuestra tendencia sexual. Que la ley nos ampare como ciudadanos, como personas es más importante que buscar nos legalicen el matrimonio y las adopciones.
Basta de golpizas y de escupitajos. Basta de rechazos y de discriminación. Somos parte activa de la sociedad, tenemos trabajos en los que nos descuentan los aportes al Seguro Social, pagos impuestos prediales, a la renta, IVA e ICE. Y aún así, no estoy segura de que si alguien me arremete por mi condición y preferencia sexual, el policía más cercano esté dispuesto a ayudarme.
Quisiera que las autoridades locales y nacionales nos dieran la mano que directa o indirectamente nos han negado siempre y nos ayuden a salir de la clandestinidad. Desmitifiquemos a la homosexualidad y mostrémosle al mundo la verdad sobre nosotros.
Yo aún no salgo del clóset, porque siento que no tengo las garantías necesarias o suficientes para hacerlo y continuar mi vida tal como está. Tengo miedo de que me echen de la casa de mis padres, del trabajo, la universidad o si no me echan, tengo miedo a que me discriminen.
Quisiera hacerle entender al mundo de que yo soy lo que soy, a pesar de que no tenga junto a mí a un hombre como compañero de vida. Que sigo siendo yo aunque ahora se descubra que la persona que amo es una mujer.
Viendo el problema desde el punto de vista de la Iglesia Católica, “la familia, núcleo de la sociedad” se vería en peligro y por tal motivo la misma sociedad y su estructura peligrarían.
Pero sin meterme demasiado en principios filosóficos y sociológicos; ese pronunciamiento se fundamente en la reproducción humana, ya que de esta forma la sociedad como la conocemos hasta ahora, asegura su permanencia. Es por esto que la sociedad apoya a la unión heterosexual, por mera supervivencia. Pero esta sociedad tan cruel, no es la ideal. La colectividad social no espera que los miembros como individuos alcancen la felicidad, ya que esta solo puede alcanzarse en conjunto.
Por esto, nunca alcanzamos a ser totalmente felices, siempre nos falta algo, siempre estamos incompletos. Ansiamos lo que no podemos tener pero a la vez menospreciamos lo que tenemos. Todos los de clase y media y pobres desean dinero y rompen sus espaldas para conseguirlo; sacrificando su salud y su hogar. Los ricos cambiarían todo su dinero por amor y afecto, por poder compartirlo con alguien. Nada es completo porque nuestro mismo modelo social nos impide alcanzar la felicidad completa.
Hombre y hombre o Mujer y mujer, no van a dejar frutos, por lo que es inaceptable ese tipo de uniones. Yendo más allá de la biología, si yo me siento a gusto con mi pareja mujer y ella conmigo ¿Cuál es el crimen?
“Es antinatural” gritan unos “asquerosas” dicen otros. ¿Qué es natural? Me imagino que la respuesta viene otra vez por el lado de la reproducción. El único objetivo del hombre en la tierra es reproducirse, sino deja su semilla o esta no germina, pues es el hombre no ha cumplido con su destino trascendental. Para mí esas son patrañas.
El hombre es más que semen y la mujer es más que un óvulo. No creo que mi único propósito en el mundo sea tener hijos, y que si no los tengo nunca me realizaré como mujer. Siento que existen otros campos y ámbitos en los que me puedo sentir realizada, como es el campo familiar (padres, hermanos, tíos, sobrinos, perros, gatos, etc.), campo profesional (ingenierías, maestrías, postgrados, diplomados, etc.), campo laboral (directora, supervisora, subgerente, gerente, vicepresidente, presidente, dueña de mi propia empresa, etc.), ámbito deportivo (cualquier deporte en que pueda destacar o que simplemente lo practique por distracción) ámbito amoroso (mi pareja). Puedo ser feliz sin un hombre o sin hijos, al igual que todo ser humano que se proponga ser feliz y vencer a la adversidad.
Otro punto delicado a tratar es la imagen del mundo GLBT. ¿Qué piensan de nosotros las personas ajenas al ambiente GLBT? Voy a transcribir las palabras de mi propia madre al respecto:
“Sucios, anormales. Ojala esa gente se muriera. No se porque Dios los creo.”
Bueno, ahora es fácil entender porque no quiero salir del clóset. Mi madre es una persona relativamente joven de 48 años de edad, de clase media de Quito. Creció dentro de un hogar sumamente conservador y aún vive bajo ese esquema. Motivo por el cual soy su dolor de cabeza más grande. Preguntas tales como: “¿Por qué mi hija no tiene novio?, ¿por qué solo sale con sus amigas? ¿Estará algo mal con mi hija?” seguramente se las ha planteado los últimos dos años.
Pero ¿cuál es el temor de mi madre a que yo sea lesbiana? Tal vez, esa generación a la que pertenece mi madre creció pensando que la homosexualidad es una enfermedad mental. Que además va en contra de toda higiene y moral. (“Dios creó hombre y mujer”). Además que la imagen que mi madre tiene en la cabeza es que todos los homosexuales son travestis o transexuales o transgéneros. Que todos los homosexuales hombres quieren ser mujeres y que todas las homosexuales mujeres queremos ser hombres.
Déjenme decir en mi defensa que el mundo no es blanco o negro, muchos tonos intermedios existen; eso mismo ocurre con las preferencias sexuales de las personas. Muchos y muchas homosexuales son como mi madre se imagina; otros no. Yo personalmente soy muy feliz de ser mujer y me considero una persona totalmente normal, que puede jugar fútbol un día y al siguiente usar falda.
Otra idea generalizada es que los GLBT somos promiscuos, que no tenemos una pareja estable y que tenemos un apetito atroz por el mismo sexo; tal es el caso que si alguna mujer tradicional (old school) en mi entorno se entera que soy lesbiana, va a pensar que estoy en busca de una aventura con ella. Que si la mira de frente es porque me gusta, que si le rozo la mano es porque la deseo, etc.
Lo mismo que mencione anteriormente sobre las preferencias sexuales, las personas son únicas y cada una tiene un nivel de libido diferente. Puedo decir que conozco a varias parejas heterosexuales que tienen muy alto el apetito sexual por lo que no creo que una característica de los homosexuales sea una voracidad sexual mal reprimida.
Ahora, que es sencillo entender que cuando vives en la clandestinidad puedes creer, erróneamente, que lo que sientes y vives solo te pasa a ti. De ese modo, piensas que debes agradecer al cielo si alguien con la misma tendencia se fija en ti.
Y sueles entrar al “Ambiente GLBT” de la mano de cualquier persona que te haga caso. Es por esto, que hasta encontrar una pareja definitiva, los miembros de la comunidad GAY, suelen tener varias experiencias sexuales y sentimentales.
Pero volviendo al tema inicial, el matrimonio homosexual, creo que al ser todos iguales para la ley, esta debería ampararnos y brindarnos los mismos derechos que se les otorga a los heterosexuales que buscan casarse ante los hombres. (No me quiero ni meter con la Iglesia, elemento caduco que jamás dará su brazo a torcer, y porque no necesito de ellos para tener un contacto directo con Dios que habita en mi corazón y que me ama tal como soy, caso contrario no estaría aquí)
Pedimos respeto y amparo sobre los bienes que compremos como pareja. Pedimos que si fueron adquiridos bajo este esquema se nos proteja con un contrato matrimonial, de modo que en caso de separación o muerte de una de las partes de la pareja la otra tenga derecho al 50% de los bienes bajo la sociedad conyugal. Pedimos seguridad y que se nos garantice el amparo de la ley ante cualquier eventualidad. Por lo pronto creo que es todo lo que deberíamos exigir, más que pedir a la sociedad ecuatoriana.
Espero estas líneas no se queden como una mera opinión si no que sean una motivación para abrir un debate sobre los derechos GLBT y ojala para empezar a estructurar planes de acción para hacer de esta una sociedad más incluyente.
