sábado, 14 de febrero de 2009

DOS SEMANAS DESPUÉS… EN MI NUEVO HOGAR

Dos semanas han pasado desde que me mudé a mi nuevo hogar y Bendito Sea Dios, porque no hemos tenido mayores complicaciones para adaptarnos y para distribuir los quehaceres hogareños.

Mi amor es una chica muy organizada y yo soy buena adaptándome así que las cosas hasta ahorita van viento en popa. Obviamente, aún no es tiempo de cantar victoria, puesto que dos semanas es un tiempo muy corto para poder hablar con certeza de la vida de hogar independiente, pero, soy optimista y confío en que arrimando el hombro las cosas irán bien.

Por otro lado, el drama se vive en las casas de nuestros padres. De mi lado, mi abuelita es la que más sufre mi ausencia y quien cada vez que habla conmigo me da consejos y me repite lo mucho que me ama. Yo la extraño un mundo y vivo angustiada por el hecho de que ya es mayorcita y tiene sus típicos achaques e ideas chapadas a la antigua.

Casi siempre hay choques de paradigmas cuando mi hermana y mi abuelita discuten. No es para nada sorprendente, claro está, mi hermana está a punto de cumplir 19 años y mi abuelita tiene 91. 70 años y un poquito más de diferencia son una gran brecha generacional.

Mi madre lo está tomando mejor de lo que esperaba, me llena de cosas cuando voy (no solo de comida), me envía cuadros, ollas, muebles, lámparas, etc.; pero aún no conoce “el depar”. Mi papá sufre en silencio pero aún así me ayuda mucho y también me ha colaborado mucho con cosas materiales como con su cariño y paciencia.

Del lado de mi Lucyfer, las cosas están un poco mejor, a pesar de que mi cuñada debería llamarse Lucifer o Satán en lugar de mi amor, las cosas están tranquilas… Todos sufrimos pero como dicen los carteles que nuestro alcalde a puesto por toda la ciudad “Crecer Duele”.